Amor mío de tierra lejana / por vos duele todo el corazón... en vergel y tras cortina, / mi desconocida, amada compañera mía.
Umberto Eco, Baudolino
La pasión por la curiosidad. El placer de indagar "sobre el oscuro abismo en que me mezco" (paráfrasis de Manolo García), del que nos inunda la cotidianidad y las cimas tan añoradas y posibles, como ganarse el melate con un solo boleto.
sábado, 4 de diciembre de 2010
viernes, 3 de diciembre de 2010
Día Tres
te veo de lejos, admiro,
tus manos entre tu cara,
el cabello entre las palmas de tus manos;
te veo por la ventana,
a veces empañada por las interferencias,
de las atmósferas que nos separan.
te veo en la diferencia horaria,
te veo con el frío soleado,
te veo varias veces al día
mientras leo los diarios.
tus manos entre tu cara,
el cabello entre las palmas de tus manos;
te veo por la ventana,
a veces empañada por las interferencias,
de las atmósferas que nos separan.
te veo en la diferencia horaria,
te veo con el frío soleado,
te veo varias veces al día
mientras leo los diarios.
jueves, 2 de diciembre de 2010
Día Dos
No te vayas, te necesito
con todo el cuerpo, con el abecedario,
con las horas, con el polvo de la carretera.
No te vayas que no quiero despedirme
ni empiezo a prescindir de tu presencia
ni mi soledad convive con el vacío
de las noches, y el nihilismo que tú llenas.
Ahora todo pareciera
hecho de pequeñas manchas,
dibujos borrosos, que contornan tu cara;
mas, siguen los sonidos y silencios,
las risas y miradas, dominando mi memoria.
con todo el cuerpo, con el abecedario,
con las horas, con el polvo de la carretera.
No te vayas que no quiero despedirme
ni empiezo a prescindir de tu presencia
ni mi soledad convive con el vacío
de las noches, y el nihilismo que tú llenas.
Ahora todo pareciera
hecho de pequeñas manchas,
dibujos borrosos, que contornan tu cara;
mas, siguen los sonidos y silencios,
las risas y miradas, dominando mi memoria.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
La batalla de Victoria, Tamaulipas
Ahora que se pondrá de moda la resistencia armada de particulares, los periodistas del star system hacen eco de lo que desde hace meses sabíamos. La campaña emprendida contra el crimen organizado ha sido mal planeada, instrumentada y comunicada; por parte del gobierno federal. Desde el secuestro y muerte de los Le Baron en Chihuahua, hemos podido ser testigos de la aberración y poca acción de las autoridades federales y locales. Los ciudadanos estamos solos, la gobernabilidad es una entelequia feliz, con la que se masturban algunos académicos y los funcionarios de la administración calderonista.
La muerte de Don Alejo, un septuagenario que defendió su rancho en las inmediaciones de Ciudad Victoria, es un alarmante indicador que Calderón fracasó, y que el replanteamiento debe ser radical.
La muerte de Don Alejo, un septuagenario que defendió su rancho en las inmediaciones de Ciudad Victoria, es un alarmante indicador que Calderón fracasó, y que el replanteamiento debe ser radical.
lunes, 20 de septiembre de 2010
Día de fiesta
Lluveante, menesteroso de encapsularme en el brutal manicomio, hilvano en la modorra propia de la merienda, el eco imaginario del tumultuoso barullo. Las once de la noche se puede leer en la pantalla electroplástica; sigiloso, me escabullo para que Irma no repare en mi. Rehago el plan encendiendo el automóvil, la radio, un cigarrillo, el cual me cubre de un manto neblinoso.
Estaciono el coche a varias cuadras del antro, cavilo con chiflidos los ritmos tan próximos, la catarsis después de la quinta cerveza, los sudores afrodisíacos del gentío. Las luces de la mampostería apagadas, el portón donde tantas veces me sostenía etiquetado con la señal de clausura.
¿A dónde ir con tantas horas por venir?
Estaciono el coche a varias cuadras del antro, cavilo con chiflidos los ritmos tan próximos, la catarsis después de la quinta cerveza, los sudores afrodisíacos del gentío. Las luces de la mampostería apagadas, el portón donde tantas veces me sostenía etiquetado con la señal de clausura.
¿A dónde ir con tantas horas por venir?
domingo, 19 de septiembre de 2010
Historias del bicentenario
Un buen día, apaciblemente navegaba por el facebook, cuando se vino la invitación totalmente inesperada. Actuar como José María Morelos y Pavón, un honor para mí en el terreno de la ficción y lo histórico; un acto de saltimbanqui no premeditado.
Los ensayos de rigor, nada más era necesaria empatar la voz, actitud corporal de héroe en estampita de la miscelánea, saber las entradas, los cuadros dialógicos entre los personajes.
15 de septiembre, Jorge Paz se pinta el cabello para representar a Hidalgo, Carlos Nevárez se ajusta las patillas, Marilú poniéndose la falda debajo de su pantalón a rayas. Me pongo el paliacate, todavía se me traslapan algunas palabras de los diálogos -nunca fui machetero, siempre confiando en la naturalidad del ejercicio de la comprensión-, cuando me quito el reloj-pulsera, empiezo a meterme en la seriedad del personaje.
Claro en el escenario fue diferente, la gravedad se convirtió en complicidad en los dislates, en gallardía artificial, en divertimento de los sentidos. Al final, Allende, el mestizo y Morelos; reflexionaban rumbo a casa de Hidalgo, sobre las precariedades de la vida cultural en Monterrey.
Días antes del día de la celebración bicentenaria, Alonso Lujambio, recomendaba a la población que disfrutara el desfile y el grito desde la comodidad de casita. Como bien apunta Álvaro Cueva, ésa manía del gobierno federal actual de encerrarnos en el hogar dulce hogar, es un tanto repulsiva para un pueblo que gusta del mitote, huateque; y que se configura en la bola, el relajo, el desmadre.
Dicho y hecho muchos se quedaron en casa, muchos más peregrinaron al zócalo de la ciudad de México. Según las encuestas de Ignacio Zavala (el cuñado de Calderón, hermano de Margarita), las encuestas sobre la conmemoración fueron positivas hacia la labor gubernamental. Sin embargo, algo de insatisfacción desfila por el imaginario nacional.
Los ensayos de rigor, nada más era necesaria empatar la voz, actitud corporal de héroe en estampita de la miscelánea, saber las entradas, los cuadros dialógicos entre los personajes.
15 de septiembre, Jorge Paz se pinta el cabello para representar a Hidalgo, Carlos Nevárez se ajusta las patillas, Marilú poniéndose la falda debajo de su pantalón a rayas. Me pongo el paliacate, todavía se me traslapan algunas palabras de los diálogos -nunca fui machetero, siempre confiando en la naturalidad del ejercicio de la comprensión-, cuando me quito el reloj-pulsera, empiezo a meterme en la seriedad del personaje.
Claro en el escenario fue diferente, la gravedad se convirtió en complicidad en los dislates, en gallardía artificial, en divertimento de los sentidos. Al final, Allende, el mestizo y Morelos; reflexionaban rumbo a casa de Hidalgo, sobre las precariedades de la vida cultural en Monterrey.
Días antes del día de la celebración bicentenaria, Alonso Lujambio, recomendaba a la población que disfrutara el desfile y el grito desde la comodidad de casita. Como bien apunta Álvaro Cueva, ésa manía del gobierno federal actual de encerrarnos en el hogar dulce hogar, es un tanto repulsiva para un pueblo que gusta del mitote, huateque; y que se configura en la bola, el relajo, el desmadre.
Dicho y hecho muchos se quedaron en casa, muchos más peregrinaron al zócalo de la ciudad de México. Según las encuestas de Ignacio Zavala (el cuñado de Calderón, hermano de Margarita), las encuestas sobre la conmemoración fueron positivas hacia la labor gubernamental. Sin embargo, algo de insatisfacción desfila por el imaginario nacional.
sábado, 4 de septiembre de 2010
S15 y otras armas reservadas
Un rostro-papaya donde las semillas son los ojos,
la cáscara en carne viva;
dos rostros-sandía donde la muerte
se presume por el orificio quirúrgico de la catadura;
mientras tanto, rompemos nueces con los dedos.
Corramos, ve pronto,
empuña el periódico enrollado,
sácale zumbidos al aire
con el matamoscas implacable, pun-ti-a-gu-do,
que algún día se estrellará en el blanco.
(Preludios de Las historias de Bang-Bang)
la cáscara en carne viva;
dos rostros-sandía donde la muerte
se presume por el orificio quirúrgico de la catadura;
mientras tanto, rompemos nueces con los dedos.
Corramos, ve pronto,
empuña el periódico enrollado,
sácale zumbidos al aire
con el matamoscas implacable, pun-ti-a-gu-do,
que algún día se estrellará en el blanco.
(Preludios de Las historias de Bang-Bang)
miércoles, 11 de agosto de 2010
Un paseo por los centenarios
Las diferencias y similitudes de las celebraciones de la independencia y la consumación de la independencia, en 1910 y 1921, respectivamente; son analizadas a nivel pormenorizado por parte del grupo de historiadores coordinado por Virginia Guedea en el libro Asedios a los centenarios 1910 y 1921 (Fondo de Cultura Económica, México, 2009, 408 páginas).
En el primer ensayo llamado La historia en los centenarios de la independencia: 1910 y 1921, Virginia Guedea, enuncia qué hechos históricos fueron destacados en los discursos conmemorativos de ambas festividades. Para un ejemplo, en el festejo de la independencia se exaltó de manera importante la etapa virreinal, así como se destacó la figura de Miguel Hidalgo, José María Morelos y Benito Juárez. Se dejó de lado la cultura indígena, solamente tratándola iconográficamente; en esos momentos el México de Porfirio Díaz, quería enorgullecerse del pasado criollo mexicano y de la labor de pacificación realizada por su gobierno. La institucionalidad mestiza, veía de soslayo al México pluriétnico.
En cambio, cuando fueron los festejos de la consumación de la independencia, el discurso gubernamental apeló a lo popular, beatificando el pasado indígena, involucrando a la población civil en los actos conmemorativos y ensuflando la causa de la revolución; haciendo un cortex palmario entre el pasado porfirista lleno de oropeles y europeizada, y la nueva raza que emergía de la guerra civil. Álvaro Obregón, conducía un país que apenas salía del trauma revolucionario; mientras Porfirio Díaz, atestiguaba el homenaje a su obra presidencial.
El ensayo de Alicia Azuela de la Cueva, Las artes plásticas en las conmemoraciones de los centenarios de la independencia, 1910, 1921; es una narrativa de los edificios y exposiciones organizadas con motivo de tan significativas fechas. Simbólicamente, ambas concepciones estéticas fueron similares, servían para avalar los regímenes en turno. Como bien dice Alicia Azuela: Las fiestas del Centenario del 1910 se revistieron con la simbología que mostraba y celebraba ante los ojos del mundo las conquistas derivadas de la perpetuidad de un mismo grupo y un solo hombre al mando del país durante 35 años. Por otro lado, en 1921 hubo que justificar ante propios y ajenos la reciente llegada al poder de la fracción sonorense, mediante una parafernalia simbólica capaz de legitimarla y despertar la confianza en su capacidad de hacer cumplir las promesas revolucionarias.
Por otro lado María de Lourdes Alvarado en La Universidad Nacional de México en tiempos del centenario, realiza una narración de los antecedentes y discusiones sobre la creación de la Universidad Nacional, los tropiezos ante los cuales se encontraron sus promotores, en especial Justo Sierra, el secretario de instrucción pública del gobierno porfirista. Se daba una batalla peculiar entre el grupo de los positivistas spencerianos y los viejos positivistas comteanos, afectos a la figura de su introductor en México, que fue Gabino Barreda; quienes consideraban la no conveniencia de la instauración de la universidad, por el antecedente de la Universidad Pontificia, donde se vivía la opresión académica más abyecta, y donde la discusión y la generación del conocimiento se encontraban condicionadas por la ortodoxia.
Para Guillermo Hurtado en La reconceptualización de la libertad, donde se habla sobre las batallas de los positivistas spencerianos y comteanos, en las postrimerías del régimen porfirista, así como la creación del grupo denominado El Ateneo de la Juventud, donde se gestó una revuelta intelectual tímida, pero al final sintomática del cambio de rumbos que se avizoraban en la primera década del siglo XX.
En el primer ensayo llamado La historia en los centenarios de la independencia: 1910 y 1921, Virginia Guedea, enuncia qué hechos históricos fueron destacados en los discursos conmemorativos de ambas festividades. Para un ejemplo, en el festejo de la independencia se exaltó de manera importante la etapa virreinal, así como se destacó la figura de Miguel Hidalgo, José María Morelos y Benito Juárez. Se dejó de lado la cultura indígena, solamente tratándola iconográficamente; en esos momentos el México de Porfirio Díaz, quería enorgullecerse del pasado criollo mexicano y de la labor de pacificación realizada por su gobierno. La institucionalidad mestiza, veía de soslayo al México pluriétnico.
En cambio, cuando fueron los festejos de la consumación de la independencia, el discurso gubernamental apeló a lo popular, beatificando el pasado indígena, involucrando a la población civil en los actos conmemorativos y ensuflando la causa de la revolución; haciendo un cortex palmario entre el pasado porfirista lleno de oropeles y europeizada, y la nueva raza que emergía de la guerra civil. Álvaro Obregón, conducía un país que apenas salía del trauma revolucionario; mientras Porfirio Díaz, atestiguaba el homenaje a su obra presidencial.
El ensayo de Alicia Azuela de la Cueva, Las artes plásticas en las conmemoraciones de los centenarios de la independencia, 1910, 1921; es una narrativa de los edificios y exposiciones organizadas con motivo de tan significativas fechas. Simbólicamente, ambas concepciones estéticas fueron similares, servían para avalar los regímenes en turno. Como bien dice Alicia Azuela: Las fiestas del Centenario del 1910 se revistieron con la simbología que mostraba y celebraba ante los ojos del mundo las conquistas derivadas de la perpetuidad de un mismo grupo y un solo hombre al mando del país durante 35 años. Por otro lado, en 1921 hubo que justificar ante propios y ajenos la reciente llegada al poder de la fracción sonorense, mediante una parafernalia simbólica capaz de legitimarla y despertar la confianza en su capacidad de hacer cumplir las promesas revolucionarias.
Por otro lado María de Lourdes Alvarado en La Universidad Nacional de México en tiempos del centenario, realiza una narración de los antecedentes y discusiones sobre la creación de la Universidad Nacional, los tropiezos ante los cuales se encontraron sus promotores, en especial Justo Sierra, el secretario de instrucción pública del gobierno porfirista. Se daba una batalla peculiar entre el grupo de los positivistas spencerianos y los viejos positivistas comteanos, afectos a la figura de su introductor en México, que fue Gabino Barreda; quienes consideraban la no conveniencia de la instauración de la universidad, por el antecedente de la Universidad Pontificia, donde se vivía la opresión académica más abyecta, y donde la discusión y la generación del conocimiento se encontraban condicionadas por la ortodoxia.
Para Guillermo Hurtado en La reconceptualización de la libertad, donde se habla sobre las batallas de los positivistas spencerianos y comteanos, en las postrimerías del régimen porfirista, así como la creación del grupo denominado El Ateneo de la Juventud, donde se gestó una revuelta intelectual tímida, pero al final sintomática del cambio de rumbos que se avizoraban en la primera década del siglo XX.
Para terminar el ensayo de Fernando Curiel, Letrados centenarios: 1910, 1921; presenta una suerte de bitácora tanto de la logística gubernamental en la organización de los centenarios, así como la lluvia de ideas de los personajes que protagonizaron la vida política de México. Así una curiosidad de la fiesta porfirista consistió en que las celebraciones solamente fueron para un pequeño número de invitados nacionales e internacionales; al tiempo de que en la celebración de Álvaro Obregón, a pesar de su carácter público, se giraron instrucciones a la Beneficencia Pública, con el fin de recoger a todos los mendigos que anduviesen por las calles de la ciudad de México, para confinarlos en un asilo. Esconder la miseria para glorificarse en la memoria de los gobernados.
El horror económico

Probablemente sea por el método utilizado, en un plano discursivo, aprehendiendo las ideas económicas planteadas por la ideología dominante de la globalización financiera en ciernes; la victoria del capitalismo como fin de la historia (idea rechazada por la autora) o la innovación de la desindustrialización a costa de dejar en el desempleo a grandes conglomerados humanos, a cambio de una economía del conocimiento.
El horror económico, de Viviane Forrester (Fondo de Cultura Económica, México, 2009, 168 páginas), es un texto de advertencia, el cual salió a la luz en el momento en que las crisis del dragón y el efecto tequila, servían como precedentes para intuir en la soledad del que va contra corriente, que algo olía mal en las prácticas económicas globales.
La recepción al lector es contundente, Forrester, describe el ambiente de los noventa categóricamente como “falacia descomunal”: Un mundo desaparecido que nos empeñamos en no reconocer como tal y que se pretende perpetuar mediante políticas artificiales. Millones de destinos son destruidos, aniquilados por este anacronismo debido a estratagemas pertinaces destinadas a mantener con vida para siempre nuestro tabú más sagrado, el trabajo.
En el fondo de la transformación de la sociedad global en materia económica está la automatización, el triunfo del trabajo de la máquina sobre el hombre, destinándolo a trabajos anodinos y poco gratificantes. Tanto en el tiempo en que fue escrito el libro de Forrester, como en los momentos actuales, los empleos de importancia se van achicando, las jornadas se reducen, los salarios se ajustan a las condiciones de oferta y demanda; se multiplican los empleos flexibles quedando como arcaizantes las prácticas del trabajo de base y las conquistas laborales.
Al final del día lo más importante para las unidades económicas, ya sean personas morales o físicas, es la ganancia, la utilidad. Ha sido repetido en diferentes ocasiones que la disciplina económica ha ocupado mayormente sus recursos intelectuales en el estudio de la ganancia, y se han descuidado temas tan importantes como el de la pobreza, la distribución de la riqueza y la creación de empleos. Quizás en el momento actual, los Estados nacionales no se encuentran en una muy buena posición para cuestionar las ganancias privadas a costa de las pérdidas públicas; los grupos empresariales han tomado el control político de facto de grandísimas colectividades, desde la medianía de los noventa.
El ambiente era totalitario, al sobrevenirse el derrumbe del bloque soviético, nadie podía siquiera deslizar tímidamente la idea de que el capitalismo contenía grandes aberraciones y que con las condiciones imperantes, solamente se beneficiaban ingentemente unos cuantos. Ahora, no obstante, la vergüenza de la quiebra de muchas de las financieras, soberbias vencedoras de los noventa, ensoberbecidas con capital público en el 2009; siguen imponiendo los golpes en la mesa.
La retórica empleada en El horror económico, muestra con desenfado el sinsentido de las leyes de la competencia, la competitividad, la adecuación a las normas internacionales y, el libre comercio; la gran simulación del dejar hacer, dejar pasar de Adam Smith, siempre mal interpretado. Claro la competencia para los bueyes de mi compadre, el mercado perfecto para el capitalismo salvaje es el monopolio incontestable, protegido por el Estado nacional, como si fuera industria estratégica.
El neoliberalismo, como se le dijo en México, tomó su rumbo sin proclamas o manifiestos apabullantes, tomó el control mediante memoranda interna de empresas, e infiltrándose en los ministerios de economía de países clave; su razón pragmática apoyada en la democracia como estandarte. Forrester, lo describe como “la violencia de la calma”.
Otro tema que trata con profusión, es el de los excluidos de la prosperidad, los jóvenes con todo por delante y carentes de trabajo, pero, con todas las expectativas de éxito. A las claras es la señal de alerta de los disturbios de París en 2005, donde los suburbios predominantemente habitados por inmigrantes, tuvieron una violenta sacudida, por la carencia de oportunidades y la represión policiaca.
El libro-manifiesto de Viviane Forrester, entiende al homo faber-homo economicus como un ser digno, portador del derecho a una vida digna y a un futuro viable. Es un grito, un clamor de piedad, un llamado a la lucha, un llamamiento a la conciencia del entorno económico; todavía, desgraciadamente, predominante.
El horror económico, de Viviane Forrester (Fondo de Cultura Económica, México, 2009, 168 páginas), es un texto de advertencia, el cual salió a la luz en el momento en que las crisis del dragón y el efecto tequila, servían como precedentes para intuir en la soledad del que va contra corriente, que algo olía mal en las prácticas económicas globales.
La recepción al lector es contundente, Forrester, describe el ambiente de los noventa categóricamente como “falacia descomunal”: Un mundo desaparecido que nos empeñamos en no reconocer como tal y que se pretende perpetuar mediante políticas artificiales. Millones de destinos son destruidos, aniquilados por este anacronismo debido a estratagemas pertinaces destinadas a mantener con vida para siempre nuestro tabú más sagrado, el trabajo.
En el fondo de la transformación de la sociedad global en materia económica está la automatización, el triunfo del trabajo de la máquina sobre el hombre, destinándolo a trabajos anodinos y poco gratificantes. Tanto en el tiempo en que fue escrito el libro de Forrester, como en los momentos actuales, los empleos de importancia se van achicando, las jornadas se reducen, los salarios se ajustan a las condiciones de oferta y demanda; se multiplican los empleos flexibles quedando como arcaizantes las prácticas del trabajo de base y las conquistas laborales.
Al final del día lo más importante para las unidades económicas, ya sean personas morales o físicas, es la ganancia, la utilidad. Ha sido repetido en diferentes ocasiones que la disciplina económica ha ocupado mayormente sus recursos intelectuales en el estudio de la ganancia, y se han descuidado temas tan importantes como el de la pobreza, la distribución de la riqueza y la creación de empleos. Quizás en el momento actual, los Estados nacionales no se encuentran en una muy buena posición para cuestionar las ganancias privadas a costa de las pérdidas públicas; los grupos empresariales han tomado el control político de facto de grandísimas colectividades, desde la medianía de los noventa.
El ambiente era totalitario, al sobrevenirse el derrumbe del bloque soviético, nadie podía siquiera deslizar tímidamente la idea de que el capitalismo contenía grandes aberraciones y que con las condiciones imperantes, solamente se beneficiaban ingentemente unos cuantos. Ahora, no obstante, la vergüenza de la quiebra de muchas de las financieras, soberbias vencedoras de los noventa, ensoberbecidas con capital público en el 2009; siguen imponiendo los golpes en la mesa.
La retórica empleada en El horror económico, muestra con desenfado el sinsentido de las leyes de la competencia, la competitividad, la adecuación a las normas internacionales y, el libre comercio; la gran simulación del dejar hacer, dejar pasar de Adam Smith, siempre mal interpretado. Claro la competencia para los bueyes de mi compadre, el mercado perfecto para el capitalismo salvaje es el monopolio incontestable, protegido por el Estado nacional, como si fuera industria estratégica.
El neoliberalismo, como se le dijo en México, tomó su rumbo sin proclamas o manifiestos apabullantes, tomó el control mediante memoranda interna de empresas, e infiltrándose en los ministerios de economía de países clave; su razón pragmática apoyada en la democracia como estandarte. Forrester, lo describe como “la violencia de la calma”.
Otro tema que trata con profusión, es el de los excluidos de la prosperidad, los jóvenes con todo por delante y carentes de trabajo, pero, con todas las expectativas de éxito. A las claras es la señal de alerta de los disturbios de París en 2005, donde los suburbios predominantemente habitados por inmigrantes, tuvieron una violenta sacudida, por la carencia de oportunidades y la represión policiaca.
El libro-manifiesto de Viviane Forrester, entiende al homo faber-homo economicus como un ser digno, portador del derecho a una vida digna y a un futuro viable. Es un grito, un clamor de piedad, un llamado a la lucha, un llamamiento a la conciencia del entorno económico; todavía, desgraciadamente, predominante.
domingo, 11 de julio de 2010
La madre de todas las tormentas que han caído en territorio neolonés, en algunos puntos alcanzando los 800 milímetros de precipitación; igualitaria, corrosiva del asfalto, impetuosa bajó de la Sierra Madre Occidental, hizo su desfile triunfal por la columna vertebral de la ciudad.Sábado 26 de junio de 2010: Frente a las costas de Guatemala se forma la depresión tropical llamada Alex, tocando tierra en Belice e internándose en el Golfo de México. Desde ése momento los expertos del clima comenzaban a alertar a la zona noreste de México, y las costas texanas del Golfo de México, se sabía por experiencia del gran impulso que toman las tormentas tropicales en el Golfo.
1989: Después de la tremenda lección del Huracán Gilberto, las obras de reconstrucción y de nivelación del terreno del lecho del río Santa Catarina, contemplaron no la retirada de todo el exceso de piedra y lodo que se acumuló, sino que se dejó todo este material. O sea, no hubo un trabajo de ingeniería hidráulica serio, sino una negligencia brutal con el fin de no desenterrar los muertos que seguramente el huracán causó. Durante 22 años se nos olvidó que el nivel del lecho del río Santa Catarina no correspondía con el de antes del gilbertazo, y que con el solo canal de estiaje se podría manejar una creciente de agua.
Y después de la normalización del Santa Catarina, comenzaron los desarrollos deportivos. Las muy democráticas canchas de tierra, fueron paulatina y sistemáticamente privatizadas. Hasta antes de la aparición de la tormenta Alex, se había convertido el lecho del río en un gran parque deportivo.
Martes 29 de junio de 2010: La acumulación de nubes en los alrededores del cerro de la Silla parecía presagiar la lluvia con un rugido de tormenta. Eran nubes de un gris oscuro, las cuales se movían rápido en espiral, como una especie de hoyo negro tratando de engullir todo a su paso. La naturaleza siempre ubica al ser humano en su justa dimensión, una especie de llamado al orden, que pocos contemporáneos pueden observar, quizá como muestra de precaución todos los que nos encontrábamos en las canchas de baloncesto corrimos a nuestras casas, sabiendo en el fondo que no volveríamos a jugar en toda la semana.
Y la lluvia corrió, se acumuló, enjuagó las tristezas de la tierra, y las afrentas a la montaña. Se cobró una a una de las inconsecuencias que el hombre regiomontano edifica para vivir en el estado de progreso, o para ser más unido, o para tener fe, en la infausta idea de asfaltar hasta lo más ridículo. Si en la ideología moderna el cuidado del cuerpo se enfatiza con la frase: Somos lo que comemos; podríamos actualizarla con “Somos lo que edificamos”.
La tormenta Alex, nos recuerda tangencialmente a Tláloc, el dios de la lluvia de la cultura mexica, aquél que fue sacado a empellones de la religiosidad mexicana, aquél que derribaron los conquistadores a base de pandemias y construcciones sincréticas. Los dioses se manifiestan y echan por tierra las imágenes del sincretismo de Tonanzin. Una sabiduría sin precedentes aflora con el paso de la tormenta, se desnuda lo que se encontraba debajo de la vírgen, la piedra, la tierra, el conocimiento de los límites.
Dejando, por un momento, de lado la señal de coherencia que nos brinda la naturaleza los daños causados por Alex son una prueba sensacional para el gobernador Medina, ahora sí se tendrá que sacar lo mejor de sí. Claro, no solamente él, sino que todos los que participamos de esta comunidad incoherente, materialista y pretenciosa; deberemos responder con civilidad a los nuevos condicionantes viales y de desarrollo urbano que tendrán que implementarse.
Las lluvias arrojan la semilla a la tierra, hay que atender al llamado.
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